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Adventure Bike 2004

El viernes 16 de Abril a las 8 de a la noche, nos embarcamos en el TAC que hace Paraná-Mendoza, con Iván Brizuela y Esteban Larrea con nuestras bicis desarmadas y embaladas en cajas en la baulera del cole. En Santa Fe, se nos uniría Lucas Royo que completaría el equipo “El Litoral”, rumbo a San Luis para “participar” en el Adventure Bike, una carrera en mountain bike de entre 7 y 12 horas de duración, con orientación.

Llegamos a San Luis el sábado a las 7 de la mañana y, combi mediante, nos trasladamos a la hostería que habíamos reservado en Potrero de los Funes, a unos 17 Km. de la capital puntana.

Luego de armar bicis salimos a probarlas en los cerros cercanos (Lucas nunca había andado por caminos de montaña). Luego baño, almuerzo de los típicos fideos con nada y luego de la siesta salimos para San Luis donde sería la reunión informativa.

Ese sábado, se realizaba en Potrero, una etapa de ciclismo en ruta, así que estaban todas las rutas cortadas, por lo que tuvimos que caminar varios kilómetros y luego hacer dedo para llegar a la capital.

En la reunión nos explicaron cual sería el formato de la carrera y nos dieron los mapas que usaríamos junto con indicaciones de cómo usarlos. En principio, en el mapa solo estaba marcada la ruta desde la salida hasta el primer puesto, a unos 2 kilómetros de la misma.

Vuelta a Potrero en la caja de una camioneta de un competidor que se ofreció a llevarnos, junto con otro equipo mas, integrado por 2 matrimonios de capital federal.

Armado de mochilas en la hostería, previendo ya la hidratación y alimentación. Yo llevaría en mi mochila lo reglamentario de cada competidor (Cortaplumas, recipiente para agua, linterna, encendedor, campera, buzo, remera de repuesto, silbato), mas unas 10 barras de cereales, un sánguche de jamón y queso en pan de viena grande, unos 100 gramos de pasas de uva, dos bananas y 2 sobres de sales de rehidratación con glucosa, además de medio litro de gatorade en la caramañola de la bici.

Entre las mochilas de todos repartimos los elementos obligatorios del equipo (bolsa de dormir por si alguien sufría un accidente y había que abrigarlo, un nylon de 2X2 metros para cubrirse si llovía mucho, botiquín de primeros auxilio, cámaras de bici de repuesto y algunas herramientas dos celulares, bolsa de residuos, brújula, regla y lápices y biromes para marcar los mapas)

A la noche, otra vez fideos (esta vez con estofado de pollo), y luego a terminar de afinar la bici de Iván, a la que se le saltaba un cambio y a cuadricular los mapas con lápiz para poder medir mejor al día siguiente.

Nos acostamos cerca de las 12 de la noche.

El domingo a las 4:30 sonó el despertador. Desayuno de café con leche y tostadas con dulce, mas alguna barra de cereales y un puñado de pasas de uva para aumentar las reservas de hidratos de carbono y glucosa.

A las 5:30 se largó la carrera. Todavía de noche cerrada, y todos con nuestros cascos y luces frontales y destelladotes atrás.

La primer parte de la carrera eran 2 kilómetros de camino de ripio y piedra, con una subida mortal (nos llevó unos 22 minutos hacerlos). Como hacía frío, yo arranqué con remera, buzo de polar y campera cortaviento. Llegué hecho sopa!

Al llegar a la cima, nos dieron la hoja de ruta que contenía los primeros 3 puestos de control y 2 testigos. Desplegamos en el piso de tierra los útiles que llevamos (regla, biromes de colores, lápiz, etc.) y nos dedicamos a marcar en el mapa los puntos por los que debíamos pasar (en la hoja de ruta nos daban las coordenadas y algunas referencias así que lo primero era marcar la ubicación en el mapa) y luego enfilamos hacia el primer puesto de control. Según las referencias, había que seguir el camino por el otro lado del cerro (ahora bajábamos lo que habíamos subido) hasta una bifurcación. Nos llevó unos 3 minutos bajar lo que subimos en 22. Este fue el momento de mayor “adrenalina”. La linterna de Lucas se quedó sin pilas (el garrón no llevó pilas nuevas!) y el nunca había andado en la montaña, así que en general íbamos Esteban y yo adelante, “sumando iluminación” e Iván y Lucas nos seguían muy cerca atrás. Las luces no llegaban a mas de 8 o 10 metros y bajábamos a unos 35 km/h, así que se complicaba esquivar las piedras del camino y las bicis daban unos saltos “emocionantísimos”, encima el viento frío se colaba por los dedos cortados de los guantes de ciclismo y casi se me anestesiaron los dedos.

Al llegar a la bifurcación citada en el mapa estuvimos varios minutos decidiendo para dónde agarrar. La duda surgió porque en el mapa figuraba un camino de asfalto y en realidad era de tierra, y encima no habíamos medido la distancia desde la entrega del mapa, error que, gracias a Iván que se avivó de medir todas las distancias parciales, no volveríamos a cometer.

Finalmente, luego que Lucas explorara uno de los caminos y Esteban otro, decidimos tomar por una senda lateral de tierra que cruzaría un arroyo y nos dejaría debajo de los cables de alta tensión que eran nuestra próxima referencia (casi no vemos los cables porque las linternas no iluminan muy lejos y menos para arriba!). Después de seguir algunos kilómetros por caminos y sendas de tierra, llegamos al puesto que estaba en el cruce de la autopista. Luego unos 4 kilómetros de calles de tierra al primer testigo, entre campos sembrados, con rumbo este y un amanecer en primera fila espectacular.

La carrera consistía en pasar por 6 puestos de control y 8 testigos. Para certificar el paso por cada uno de los puntos, cada equipo tenía un pasaporte de cartulina donde te firmaba el responsable de los puestos de control y en los testigos (banderas rojas de 20 por 30 cm) había un sacabocado con distintas formas que debíamos aplicar en el pasaporte, de esta forma, si un equipo no tenía en el pasaporte el agujero de la forma correspondiente a un testigo, se sabía que no había pasado por ahí.

Encontramos el testigo, marcamos el pasaporte y aprovechamos para guardar las linternas y comer una banana y una barra de cereales porque ya llevábamos mas de una hora de carrera. Yo venía hidratando constantemente con el camelbak (mochila con un “sachet” para cargar hasta 2 litros de agua y con una manguera que se engancha en el pecho).

Trazamos la ruta al siguiente testigo midiendo las distancias que había a cada bifurcación de camino y, usando el odómetro de las bicis, llegamos sin detenciones. El rumbo seguía siendo hacia el Este, y el amanecer espectacular se transformó en un sol de mierda de frente que no dejaba ver un carajo y que acalambraba la frente de tanto fruncir las cejas. Luego de marcar el pasaporte y cruzar un arroyo seguimos hasta el siguiente puesto de control. De camino nos encontramos con un equipo que volvía porque se habían olvidado de marcar el pasaporte y en el puesto de control les dijeron que si no volvían los penalizaban con una hora.

En el puesto de control 2, debajo de un puente, firmamos y nos entregaron la nueva hoja de ruta marcamos el siguiente testigo en el mapa, el Puesto de Control 3 y vimos que nos quedaba a unos 20 kilómetros, así que decidimos pagar en el PC3 la penalización obligatoria (la organización había impuesto a todos los equipos media hora de penalización, para obligarnos a descansar, y debía ser pagada en cualquier puesto de control)  por lo que no perdimos tiempo en marcar el resto del mapa pues podríamos hacerlo durante el descanso.

Estábamos decidiendo por qué ruta seguir (había dos caminos similares) hasta que Sergio de Aventurarse nos señaló que cruzando el arroyo, por el camino de la derecha, estaba apostado un camarógrafo… obviamente esperando que los competidores (o participantes en nuestro caso) pasen por ahí. No hubo dudas entonces.

Camino bastante accidentado, con lomadas, pero sin complicaciones. Llegamos al testigo y mientras Esteban marcaba el pasaporte Lucas y yo intentamos descubrir por qué las bicis hacían tanto ruido. La pregunta de Lucas para confirmar si la “caja de pedalera” era la “maza”, puso de manifiesto nuestra falta de “profesionalismo” y provocó la risa de los presentes en el lugar.

De ahí al puesto de control, eran calles y sendas sin complicaciones pero con un extraño “efecto óptico” o de “cansancio” que hacían que veamos como bajadas lo que en realidad eran subidas. Esto hizo que Esteban y Lucas paren sus bicis para verificar si no estaban frenadas, pues parecía imposible que en una bajada la bici se frene en pocos metros…

Luego de una bajada larga, Lucas pinchó la rueda y debimos parar a cambiar la cámara., luego una bajada larga de tierra y piedras, impresionante, donde Esteban alcanzó a verificar 50 Km/h en su ciclo-computadora.

Arroyo donde paramos a recargar agua pues el gatorade se había terminado y el camelbak ya flaqueaba. Aprovechamos a preparar las sales con el agua de arroyo (las sales además tenían glucosa, son una especie de gatorade en polvo para preparar. Muy útil en estas carreras con arroyos).

Después una senda, tremenda araña que se cruza, otro arroyo y el puesto 3 donde nos esperaba la media hora de descanso. El lugar parecía sacado de la película “El Señor de los Anillos”, totalmente rodeado de cerros, con un bosque denso y césped verde como cortado a máquina, troncos caídos y arroyos con cascadas entre los árboles. Aprovechamos para aceitar bicis, marcar el mapa, comer sánguches y pasas de uva, bananas o manzanas de “postre”, y recargar nuestra provisión de agua.

De ahí un par de kilómetros de vuelta por la misma senda. Y luego a campo traviesa entre los cerros, a pura brújula hasta un arroyo casi seco, encajonado como 4 metros para abajo, que había que seguir, desde adentro, buscando el testigo. Imposible pedalear, así que bici al hombro o a la rastra, pasando piedras y árboles caídos.

Luego otra vez caminos hasta el PC4.

En el PC4 había tiempo límite, es decir que quienes no llegaban a una determinada hora, eran obligados a cortar camino hasta la llegada y clasificaban después de quienes hicieran todo el recorrido. Fuimos el último equipo que llegó a ese puesto antes de la hora. Nuestro objetivo, impuesto por el “orgullo de Lucas” era que nos dejen seguir y lo habíamos conseguido!!!. Nueva hoja de ruta y otra vez a marcar puntos.

Ya llevábamos unas 7 horas de carrera y mas de 70 kilómetros. Nos quedaban algo así como 10 kilómetros solamente, pero los mas duros de todos, sin mas caminos ni sendas, a pura navegación y con mucha montaña y bici al hombro.

Cerca del testigo 5, nos encontramos con unos 7 equipos que mascullando insultos buscaban desde hacía mas de media hora la escurridiza banderita del testigo. Apareció Fernando, el organizador, que nos desasnó de lo que es un “portezuelo” (en Entre Ríos no tenemos de esas cosas y figuraba en la hoja de ruta como referencia) y nos dijo que estábamos errados de cerro. Ajustamos rumbo, nos tomamos mas tiempo para medir en el mapa y finalmente encontramos el testigo. Los 7 equipos nos siguieron en fila. Luego de una bajada con caída de Iván, otra vez a medir distancias y marcar en el mapa, para trazar el rumbo al siguiente testigo. Nos tomamos nuestro tiempo para discutir la ruta y apuntar bien con la brújula y salimos pedaleando, otra vez con la fila de equipos atrás pisándonos los talones. Encontramos el testigo justo donde lo habíamos previsto, pero 100 metros después de marcar el pasaporte, Iván pinchó una goma. Nos pasaron todos como poste. Cambio rápido de cámara y otra vez en carrera hacia el PC6, de ahí en más sería todo con la bici al hombro. Terrible subida por una ladera hasta el testigo 7 y bajada por una quebrada impedaleable!... 8 horas y media de carrera y las bicis al hombro ya nos doblaban las patas, así que había que andar con mucho cuidado entre las piedras para no quedar enzoquetado entre espinas y abrojos.

Pasamos el puesto de control 6, luego mas sendero muy angosto, con embotellamiento de corredores, siguiente testigo y después senda y calle hasta la llegada. Entramos 3 equipos todos juntos mezclados en malón.

Abrazos y saludos, fotos de rigor y medallones de cuero como recuerdo, entregadas por el intendente de Potrero, y a comer lo que haya al alcance de la mano con todo el hambre que se puede tener después de nueve horas veinte minutos de carrera por las sierras.

Quedamos en el puesto 16, (dos horas más que el primero y dos menos que el último)

 

Como balance final, puedo decir que la carrera estuvo espectacular, la organización impecable y el funcionamiento del equipo inmejorable, si bien el no haber superado a casi nadie en pedaleo franco indica que el desempeño físico fue mas bien pobre, sobre todo por Iván y por mí que veníamos en mucho peor estado que Lucas y Esteban; como equipo funcionamos de forma inmejorable, a pesar de que jamás competimos juntos (yo solo corrí la Merrell de Iguazú 2003 con Iván), y Lucas y Esteban recién se conocieron en el cole en el viaje de ida. 

No tuvimos discusiones ni amenazas mutuas de “nunca mas correr juntos”, como escuchamos en otros equipos, tomamos las decisiones acertadas, dedicamos el tiempo que debíamos a decidir rumbos y estudiar los mapas, hidratamos y comimos como corresponde, por lo que nadie se descompuso ni se sintió mal por falta ni exceso de agua o comida, descansamos en los momentos justos, superamos los percances y pinchaduras eficientemente… en fin, todo un equipo.

Saludos y felicitaciones a mis compañeros (Iván, Lucas y Esteban), y a los organizadores y demás competidores que hicieron de la carrera una experiencia inolvidable.